Allí empiezan a vislumbrarse padecimientos y los dolores consecuentes que se avecinan. Los involucrados, ante esta situación de discordia, de peleas y de recriminaciones que pueden deberse a temas de otras personas, económicos, financieros u otros, recurren a exponer la situación a las instituciones legales del sistema judicial, que solo brindan una posible resolución insuficiente para su finalización ante las consecuencias que pueden desencadenarse.
Es una dolencia cuya afectada principal es el ALMA de unión que hay o hubo entre los integrantes de esa familia. Cada persona, en su interior, quiere resguardarse a costa del alejamiento de la otra parte, que NO quiere aceptar esa situación, o para quien la aceptación lisa y llana implica una gran pérdida ante sí y ante la sociedad. Esa pérdida se percibe como una "muerte" interior y en casos extremos lleva a la desgracia de una muerte física de uno o ambos integrantes.
El problema: el enfoque actual
El sistema actual lo enfoca desde el punto de vista de la ciencia jurídica, cuando se trata más de un problema de las ciencias de la salud psicológica y, aún más, de los saberes del alma y espirituales. Ante la denuncia en sede judicial o policial, las autoridades imponen una restricción o impedimento de contacto, tendiente a que el conflicto no escale. Muchas veces es transgredida una o varias veces y puede llegarse al extremo del aislamiento de una de las partes con la pérdida de la libertad, y el ingreso a un largo proceso tras las rejas.
En general eso agrava aún más el padecimiento para ambas partes, con énfasis en quien queda detenido: pérdida de ingresos económicos, padecimientos de los hijos, de otros parientes y de la familia extensa. El sistema institucional, debido a la gran cantidad de internos, no hace una atención individual eficaz de terapia psicológica. Sobre el final de la condena realizan un informe en base a los comportamientos intramuros más una pericia, con un enfoque sesgado por el lugar donde se encuentra.
Así se cumple la condena sin libertad condicional, por informes psicológicos adversos que auguran una baja probabilidad de curación y una alta probabilidad de reincidencia, como sucede en un sinnúmero de casos, acarreando nuevos ingresos, nuevo proceso y nueva condena.
Terapia
Lo descrito sucede porque las terapias, remedios o tratamientos psicológicos intramuros son escuálidos, escasos, insuficientes e inexistentes en muchos casos. Se basan en los datos de la causa y en un semblanteo físico caracterológico en una o más entrevistas personales, para reproducir en los informes el resultado que arroja la base de datos —el vademécum— por los anteriores "inputs", mientras el evaluador mira esas figuras humanas con sus lentes teñidos de oscuro.
Las sesiones psicológicas son espacios de "auto escucha" ante preguntas de un psicólogo y un asistente social que carecen de mapas del alma y del espíritu que logren verdaderos cambios.
"Tánatos actuando": instinto de disolución o destrucción
El paradigma tanático es el impulso hacia la disolución o finalización de lo que el impulso Eros ha unido en una identidad mayor. Eros impulsa a la unión: una pareja que se busca, se vincula y se une para formar un conjunto, una familia con más integrantes, en el cual la espiritualidad —en el caso de ser católica— bendice con el sacramento del Matrimonio: "que nadie separe lo que Dios ha unido y permanezcan juntos hasta que la muerte los separe".
Esa unión ha sido afectada por el virus de esta época de individualidad, de ambición personal, de lujuria o algún otro pecado capital, influenciado por los sistemas de comunicación actuales, las redes sociales y sus modelos exitistas. Lo que se avecina es la disolución del vínculo, con lo cual se ingresa a un campo minado de consecuencias que pueden llegar a ser catastróficas para ambos.
- Ella quiere disolver
- Él quiere disolver
- Ambos quieren disolver
En todos los casos va a existir una pasión, muerte y resurrección de esos egos, que debe atravesarse en el nacimiento de una nueva identidad del ALMA, en algo mayor, que debe atender a sus afectados próximos —hijos, padres, abuelos— a esa familia extensa que observa en forma expectante todo este proceso, en la continuación de la vida.
